La Muerte estaba cansada. Trabajaba mucho, hacía muchos años. El último siglo había sido especialmente agotador, con más trabajo que en los diez siglos anteriores juntos. Las guerras, las bombas, las plagas, los tiranos, los suicidios, las adicciones, al final, opacaron al descanso que suponía
iba a venir con la penicilina.
Así que había decidido tomarse un descanso por tiempo indeterminado. Y que cada alma tomase la responsabilidad de su vida, y por su puesto de su muerte.
La noticia fue recibida en el pueblo con euforia y alegría. La Muerte, tan temida desaparecería, y las personas podrían, finalmente vivir su vida sin límites y, creían, con más libertad.
Entre el entusiasmo prevaleciente, un hombreviejo intentó convencer a la muerte de que siguiera en sus funciones, proponiéndole buscar la manera de bajar su trabajo a índices normales. Llamar a la Tolerancia y al Respeto para que vuelvan de sus inmerecidas vacaciones y aligerar entonces el trabajo de la mujer de la calavera. Pero los hombres no quisieron escuchar al viejo, y la muerte ya estaba con las valijas preparadas.
Y así empezó un nuevo orden donde la ley que existía fue imposible de hacer cumplir. Las leyes orientadas a preservar la vida de las personas pasaron a ser obsoletas dado que la vida ya no era un bien a preservar. Las leyes que marcan los tiempos de la sociedad (educación, aportes jubilatorios, trabajo, etc) también perdieron su razón de ser. Se fueron aligerando las costumbres tanto que ya no había ni costumbres, sino un estado de anomia absoluto.
Las personas fueron rechazando la idea de esfuerzo y de posteridad. Ya no había un legado para construir, ni una herencia para dejar. No había idea de descendencia, ni trascendencia. No había después de la muerte. Entonces el ahora dejaba de tener vigor, porque se había hecho una idea inmutable. El mañana era parte del ahora, y no habría nunca cambios en él. No había motivaciones específicas para hacer las cosas ahora en vez de mañana. Y casi todas las cosas importantes de la vida fueron postergándose. Total, tiempo habría.
Los días pasaron y esos días fueron años. Y la gente no tomaba la decisión de terminar con su vida, porque tenía muchas cosas que quería hacer mañana. Pero cuando llegaba el mañana, con el tiempo como aliado, se seguía postergando. Y entonces la gente no moría, pero tampoco vivía. Y la excitación de la inmortalidad dio paso a la abulia del todo es lo mismo.
Aquel hombre viejo que no había sido escuchado,poco a poco empezó a tener mayor recepción. Su prédica ya no era una voz en el desierto, y sus preguntas interpelaban a todos desde la plaza del pueblo.
- Hemos creado dioses infinitos, inmortales e imperecederos.-decía- Porque representaban lo que nosotros no éramos, pero ahora nos preguntamos cuál es la magia de vencer a la muerte si no hay muerte para vencer. ¿Cuál es el gozo de estar vivos ahora que no vamos a morir? ¿Qué es la sabiduría, si no la conciencia de finitud?
El hombre predicaba que la muerte era parte de la vida, que no se podía vivir sin morir. Que la esencia de la muerte es la puntualidad, nunca llegaba tarde, ni temprano, pero esa esencia era alterada cuando intervenían otros como la Enfermedad o el Odio, y que parte de su encanto era que se presentaba sin avisar.
- ¿Se podría vivir con libertad y plenitud sabiendo exactamente el día y la hora de nuestra muerte? ¿Cuántas cosas dejaríamos para ese último día? ¿Cuantos días viviríamos con angustia sabiendo que se acerca el fin? ¿Cuantas cosas dejaríamos de hacer si supiéramos su final? ¿Quién de ustedes quisiera saber de antemano las cosas dolorosas que le tiene preparada la vida? – hacia estas preguntas y los caminantes se detenían a pensar en ellas.
Repetía que la muerte no era sinónimo de sufrimiento, y que era una mujer hermosa. Pero que poder verla así era un regalo otorgado a aquellos que habían vivido la vida. Y que la muerte solo tenía el poder de matar y que frente a una vida plena, la muerte solo puede traer paz.
Poco a poco el mensaje fue llegando a los corazones de los hombres quienes finalmente, convocaron al Respeto y a la Tolerancia para ofrecerles trabajo. Éstos, holgazanes, sólo accedieron, porque les prometieron que el trabajo exigido iba a ser al principio, pero si estaba bien hecho después seguiría por inercia.
Finalmente convencieron a la Muerte de volver solo a sus funciones esenciales. Y sin sorpresa, los habitantes del pueblo la encontraron bella y piadosa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario