Vergüenza es robar, dicen, pero las
consecuencias de la pobreza son el bochorno real.
Vergüenza es mentir, dicen, pero la verdad sin
maquillaje es rotulada como falta de educación y decirla la verdadera falta.
Vergüenza es matar, pero los gobiernos acuden a
la guerra como equilibrante.
Vergüenza es odiar, pero decir “te amo” cuesta
más.
Tenemos hijos y nos dan vergüenza cuando
lloran, gritan o patalean. Cuando son
fieles a su naturaleza. Nuestro orgullo es doblegarla y esconderla. Comprendemos que no podemos criar personas
libres, autónomas y felices si las hacemos obedientes, dependientes y
reprimidas, pero no nos importa. Hay que sobrevivir en la jungla. Y mientras
las libertades sean igualmente recortadas para todos estamos bien. No es la
libertad lo que perseguimos, sino la igualdad. Pocos piensan que ser libres nos
hace humanos y no ser iguales.
Vamos creciendo, nos uniforman, nos organizan,
y nos olvidamos que nos gustaban los colores, estampados y brillos. Vestimos neutros,
defendemos lo clásico, militamos lo perenne. La elegancia, la línea, lo
standard. Y nos vamos volviendo neutros. Menos color, menos pasión. Menos
opinión. Mejor pasar desapercibidos, menos riesgo de ser rechazados.
Pertenecer siempre fue más importante que ser,
el miedo al ridículo traza nuestro límite, el juicio del otro nos deja quietos,
el miedo al ostracismo, nos deja alienados. El ruido del mundo nos deja
callados.
Lo que se espera de nosotros nos encorseta. Aquel
que va despierto se da cuenta de que siendo manzano, nunca dará peras. Ser
valiente es darse cuenta de eso, ser sabio es aceptar la verdad, y ser feliz depende
de ser capaz de amar al árbol y al fruto que puede dar.
El espacio que ocupamos en el cosmos es apenas
superior a la nada. La roca, la acacia y el curso del agua me preceden y
seguirán ahí cuando me haya ido. Sin embargo la conciencia de finitud nos
atormenta en vez de liberarnos.
El cantor dice “a veces tengo miedo de
encontrarme solo y desnudo frente a un espejo, ponerme sincero en voz alta, oír
lo que pienso”. y a mi también. No sea cosa que buscando tu aprobación me haya
olvidado de quien vine a ser. No sea cosa que por hacer lo que esperan de mi,
me haya olvidado de seguir mis sueños y trazar mis caminos. No sea cosa que mis
pensamientos me digan que estuve equivocada, y que mi desnudez me obligue a
amarme imperfecta y herida.
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