Mors tua vita mea.
La guerra. El miedo. Mi
miedo a la muerte, entonces te mato.
Tu muerte, mi vida.
¿Quién soy yo sino algo
distinto a vos? ¿Quién sos vos sino lo Otro?
La otredad, que pone en
duda mi verdad.
Por eso peleo.
Si entra lo desconocido seguro muero.
Al menos muero en mi forma actual,
muero yo, aquel que soy sin vos.
Y tengo miedo a morir.
Entonces, guerra.
Mors tua vita mea.
La identidad, La patria, la Nación, la soberanía
Son sólo fundamento incorpóreo y alienante de superioridad frente a los demás.
Son los recursos que les damos a los que nos quieren dominar.
Símbolos con historia contada a conveniencia.
Los otros: monstruos de fauces abiertas.
Por eso la guerra.
Antes mueran ellos.
Si quieres la paz, prepara la guerra.
Mors tua vita mea.
Y la tierra, que estuvo antes de los pueblos que la habitan
La Tierra testigo del génesis y el ocaso de animales, semidioses e imperios.
La Tierra cobijo de todos, tierra sin dueño, pero sí usurpador, que teme que otro le quite su don.
Y de nuevo, la guerra, entre estos y aquellos, todos reclamando algo sobre lo cual nunca tuvieron derecho.
Sin Tierra no hay vida, y
si es tuya no es mía.
Mors tua vita mea.
¿Y qué es el poder sino
el vivir sin miedo?
Entonces la guerra, por
el dinero, para comprar el poder, para perder el miedo.
Y con poder seguro muero
después. Vos primero.
Mors tua, vita mea.
La libertad, que es el poder de vivir según mi propia ley, solo puede ser ejercida en mi jurisdicción.
En la tuya, rige otra, y yo encuentro el límite. me siento menos libre.
Guerra de nuevo.
Mors tua vita mea.
Dios. ¡Dios! el Eterno, TodoPoderoso, El Creador de la Patria, la Tierra, la Materia y el hombre libre.
Inmaterial, esquivo, misterioso.
Quien se apropie de Dios y su Palabra será dueño de las almas.
Y el Otro no dará ya miedo. Y la muerte no será ya cierta. Y su ley ya no es solo mía, y en su nombre ya puedo gobernar tu Reino.
Y si te
opones a esto, lo lamento, guerreo.
Mors tua vita mea.
El día que Roma dejo de atacar, cayó.
Mors tua vita mea.
El filósofo lo supo y
gritó: hombre lobo para el hombre.
Otro hombre contesto: prefiero perder la guerra y ganar
la paz.
La paz de amarse en la
individualidad, reconocer su historia, buscar dejar huella. Pero también
conocer y amar el camino ajeno, y ser arena para recibir su huella.
La paz de saber que los
dones de la tierra son ilimitados. Que sus frutos alcanzan para todos. Que de
la guerra sale la escasez y de la convivencia la abundancia.
La paz, de amar el propio
límite, que existe para reafirmar la esencia e invita a explorar todas las
posibilidades que contiene. Sin límite todo sería amorfo. Lo mismo. Igual. Yo termino, vos empezás. Somos distintos. Con
igual dignidad.
La paz, de no tener miedo
al de al lado, de poder verte a los ojos, y encontrarme a mí en
ellos.
La paz de rechazar los sustantivos colectivos
y buscar encontrarme con los propios.
Descubrir que el colectivo dentro del individuo se hace más cierto y más
amable.
La paz de recibir lo dado
sin necesidad de apropiarlo.
La paz que brota de la gratitud. La gratitud que brota cuando abrazas tu vida, como es. Sabiendo que tu existencia no es una ley física, sino un milagro, que perfectamente podría no haber sido.
La paz de escuchar a Dios
en lo vivo y no pretender hablar en su
nombre.
La paz de haber derrotado
a los enemigos, habiéndolos hecho amigos.
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