miércoles, 24 de agosto de 2022

 


El yin y el yang.

Si hay amor hay esperanza, si hay esperanza hay un camino, y si alguien camina, es porque está vivo.

 

Esperanza no está quieta, soportando estoicamente los golpes para acceder a un premio en un futuro, lejano, incierto, fantasioso.

Esperanza esta acá. 

Esperanza da color al presente, no tiñe de rosa el futuro.

Esperanza baila, se adapta, encuentra la manera de llegar. 

Es  movimiento y búsqueda.

Esperanza es la fuerza del que no se da por vencido.

Es la lucha, y es también la satisfacción del que resiste. La entrega, el sentido.

Esperanza no quiere encontrar la luz al final del túnel, porque es capaz de encenderla en medio de él.

Esperanza no es irracional, optimista, vacía. Ella no edulcora el drama,  es consciente de su  límite. Conoce muy bien el dolor. No vive en la mentira. No soporta las frases hechas. No lee a Osho. No recita proverbios. 

Esperanza no es un poco de miel para quitarle el amargor al té.

Ella nació del abismo. Lo conoce, lo acepta, lo abraza. Ella se dejó envolver por él. Lo respiró, lo asimiló, pero no la definió. Es su hija, no su reflejo. Como un discípulo que supera al maestro ella vio la salida, y con tenacidad la fue a buscar.  Y pudo. Confiando en sus piernas, que iban podían sacarla y en su intuición, que le susurraba  que valía la pena, empezó a caminar, satisfecha, sonriente y feliz. Como quien diseña un viaje y mientras lo sueña lo goza. 

Esperanza sigue el corazón y no conoce el remordimiento. Ella vino, vio, y venció. Como Julio, como yo.

Esperanza ha construido fortalezas en medio del horror. Quienes la han elegido como amiga pudieron encontrar sentido a la peor adversidad. Esperanza puede mantener la libertad de la mente de un hombre preso. Esperanza inspira al artista en medio de la guerra. Esperanza es la que da al enfermo la fuerza y la sonrisa. Esperanza es aquello que nunca condena. Y aunque a veces se esconde en medio de la noche oscura, suele salir en cada amanecer. Y cuanto más oscura la noche, más brillante la luz de su amanecer para quien la pueda ver.

El enfermo sin ella muere en vida , y el que la tiene, aunque muera, vive. Porque vivir  no es solo no morir, sino amar la vida. Desear la vida. Vibrar la vida. Y librar las batallas necesarias para honrarla. Y en esa batalla deja huella. Y esa es la huella que vence a la muerte.

Esperanza vive en el amor. Amor de todo tipo. Amor de pareja, amor fraterno, amor a la patria. Amor propio. Amor a Dios. Si hay amor hay esperanza, y si hay esperanza hay amor. 

Y sino pregúntale a Ana como pudo unir sus pedazos después de haber sido violada,  desgarrada, confundida, violentada. Pregúntale, y ella les va a contar que fue el amor que la salvó. El de su mamá, y también de su papá. El de sus amigos. El de su abuelo, su abuela, su hermana.  El amor a la ciencia. El amor a la verdad. El amor que había recibido protegió su centro. Y aun en medio del dolor siempre intuyó que su mayor tesoro iba a encontrarlo debajo de los escombros. Y esa certeza fue la llave para no quedarse en esa noche abismal. Desde el amor y desde su herida se reconstruyó. 

Esperanza la acompaño. De la mano. Todo el camino, incluso cuando parecía que se rendía, Esperanza estaba ahí, cautelosa, dando tiempo, sosteniendo. Y ni siquiera cuando el sol brilló, Esperanza la dejó.

 

 

 

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