Un origen
La semilla, bien cuidada,
crecida, germinada. Esperada, soñada, deseada. Unos ojos cansados, húmedos de emoción. Otros ojos
perdidos. Parecen vacíos. Pero saben dónde están. Están en paz. Ya empezó a
escribirse una historia. Brazos que sostienen. Calor de cuerpos. Ternura. Leche
tibia que es vida, alimento y amor.
Así vino a esta tierra ella. Ese amor
la definió y luego la salvó.
Porque no importa que pase, ni
cómo. Cuanto hayan intentado romperla. Cuando
lograron quebrarla y estalló en mil
pedazos, cuando parecía que no había nada más, cuando nada tenía sentido, cuando
se encontró humillada, vulnerada,
temerosa, desesperada. Entonces quedaba ese único pedazo intacto. Esa mirada, ese calor, esa certeza profunda,
tan primaria como la respiración, de que su vida valía. Mucho. Su ser profundo
es de luz. Y de una manera casi mágica, esa certeza empieza a unir los pedazos diseminados,
despacio, con tiempo, con paciencia, hasta que se vuelve a armar. Ella, quizá
transformada, herida, pero más fuerte.
Ella, resiliente.
Otro origen
Sórdido. De abandono. De soledad.
Un niño que llegó pero podría no haber llegado. Un niño que no fue amamantado,
ni abrazado. Hijo del mal, de la guerra, del rencor. Hijo usado como bien de
cambio, hijo traído para llenar vacío. Hijo de nadie, de los que hay demasiados
en este mundo. Niño sin nombre, sin rostro, sin emoción. Hijo de la pobreza, de
la marginalidad. Niño invisible. Niño sin mirada. Niño sin amor.
Niño que nace roto y crece
intentando pegar los pedazos. Con cualquier cosa. Pero nada alcanza, nunca. Niño
que crece corriendo carreras que siempre
pierde. Llenando barriles sin fondo. Buscando
y no encontrando. Niño que luego es
padre. Padre que rompe niños. La reproducción del horror. Vivos que parecen
muertos. Solitarios. Víctimas y
victimarios.
La mirada
Ella se encontró con uno de estos
hijos de nadie. Estaba apurada. Pero lo
vió y después de verlo lo miró. Esos ojos que habían sido invisibles empezaron
a dibujarse en una cara muy borrosa. Se le mostraron inmensos. Bellos. Dolientes.
Ella lo miró y se conmovió. Y el niño invisible por primera vez no sintió frío.
Ella sonrió y se agachó para ponerse a su altura. El le devolvió la sonrisa. Ella le preguntó su nombre y le dijo el suyo. Y
se fueron acercando. En un tiempo fuera del tiempo, se supieron iguales. Conectaron
las almas. Y aquello que la había reparado
a ella, empezó a obrar también en él. Porque esta magia traspasa la materia. Desconoce el límite.
Siempre repara, no importa a quien, aquella primera Mirada.
You may say i´m a
dreamer, but i´m not the only one.
I hope some day you
will join us.
And the world, will be as one
No hay comentarios:
Publicar un comentario